Por Alexander Gómez
Feliz Tejeda, conocido como Ñonguito, y su compadre Aquiles Correa regresaron a la conversación pública con una mirada cargada de humor, nostalgia y recuerdos de su infancia y juventud en Villa Consuelo, al recordar cómo eran las mudanzas en los barrios dominicanos y cuánto han cambiado con el paso de los años.
Durante una conversación en su nuevo espacio, Caracruz, los dos comunicadores compartieron anécdotas de una época en la que mudarse no era simplemente trasladar muebles y pertenencias, sino una actividad comunitaria en la que participaban vecinos, familiares y amigos.
«La mudanza era un acontecimiento. Medio barrio participaba y la comunidad se integraba. Era un asunto como de una ayuda colectiva», recordó uno de ellos al describir las costumbres de aquellos años.
Tejeda evocó las dificultades de trasladarse de una vivienda a otra, cuando las familias debían conseguir camionetas abiertas, negociar los precios con transportistas y resolver por su cuenta la instalación de servicios básicos.
La electricidad, las antenas de televisión y hasta el suministro de agua formaban parte de los preparativos.
«Antes tú te mudabas y entonces preguntabas en el barrio: ¿quién pone luz por aquí?», comentó entre risas, al recordar los cables, las conexiones improvisadas y las antenas que había que mover manualmente para conseguir una buena señal de televisión.
La conversación también permitió recordar las condiciones económicas y sociales que acompañaban aquellos cambios de vivienda.
La cercanía de las escuelas públicas, las rutas de transporte, la disponibilidad de agua y un espacio para lavar y tender la ropa eran factores determinantes al momento de elegir un nuevo hogar.
Ambos coincidieron en que mudarse representaba, muchas veces, una señal de progreso. «La casa de concreto daba estatus», recordó uno de ellos, al comparar las viviendas de zinc y madera con las construcciones de bloques que simbolizaban una mejoría para muchas familias.
Entre bromas sobre los colchones, los tanques de gas, los tinacos y los electrodomésticos, los compadres convirtieron una experiencia cotidiana en un recorrido por la memoria popular dominicana, mientras daban la bienvenida a su nueva etapa en Caracruz.





















