Por Alexander Gómez
El Capitán Aló convirtió una historia personal de pobreza, viajes clandestinos, deportaciones, prisión y transformación en una advertencia para quienes consideran emigrar ilegalmente a Estados Unidos: el precio puede ser demasiado alto y las consecuencias pueden acompañar a una persona durante toda su vida.
Durante el podcast de la Embajada de Estados Unidos en República Dominicana, Aló relató cómo salió de República Dominicana siendo adolescente en embarcaciones clandestinas y cómo llegó a intentar varias veces alcanzar territorio estadounidense.
Aseguró que aquella búsqueda estuvo impulsada por la necesidad y por el deseo de ayudar a su padre, quien cumplía una condena de 30 años de prisión.
“Yo no tenía oportunidades, no tenía otra opción”, dijo al explicar las razones que, según su relato, lo llevaron a tomar la decisión de viajar ilegalmente.
Pero décadas después considera que aquella determinación terminó cerrándole puertas que hoy quisiera volver a abrir por la vía legal.
Su historia incluye detenciones en Puerto Rico y Colombia, viajes marítimos hacia Florida y Georgia, períodos de permanencia en muelles y una experiencia en la que permaneció varios días escondido dentro de una cisterna de un barco.
También cumplió una condena de prisión en Estados Unidos antes de regresar a República Dominicana, donde comenzó una nueva vida.
“Yo pienso que esa cárcel que yo cogí, para mí fue un bien, porque me cambió al 100”, afirmó. El Capitán Aló, Carlos Pérez, sostiene que la prisión le permitió reorganizar sus prioridades, adquirir disciplina y entender que podía reconstruirse sin importar las circunstancias.
Años después, esa transformación lo llevó al mundo del entretenimiento.
Se convirtió en creador de contenido, cantante y comediante, colaboró con artistas dominicanos y desarrolló una presencia pública que, según dijo, le ha permitido demostrar que una persona puede cambiar mediante hechos y no solamente palabras.
Ahora su objetivo es seguir creciendo en República Dominicana y, si las autoridades estadounidenses le conceden un perdón, regresar algún día de manera legal. “Si yo puedo viajar legal, ahora sí lo haría legal”, aseguró.
Mientras tanto, su mensaje es directo para quienes piensan en realizar viajes clandestinos: “No lo hagan”. Para Aló, ninguna aspiración económica justifica arriesgar la vida en el mar, el desierto o una ruta irregular. “Si no se les dio, que lo hagan en su país”, dijo.
Su conclusión resume la perspectiva desde la que hoy cuenta su historia: quería llegar a Estados Unidos para ayudar a su padre, pero terminó enfrentando prisión y una puerta migratoria que todavía permanece cerrada.
“Yo fui a hacer una misión y fracasé”, recordó. “No valió la pena”.






















