Por Alexander Gómez
Antes de conquistar los grandes escenarios del jazz, Michel Camilo tuvo que desafiar el destino que su padre había elegido para él: convertirse en médico.
El pianista dominicano comenzó a tocar de oído a los cuatro años, creció rodeado de músicos y compositores y, a los seis, ya creaba sus propias melodías.
“Yo simplemente, cada vez que la familia se reunía, todo el mundo tocaba algo o cantaba algo. Y entonces era una fiesta familiar musical”, recordó Camilo, quien llegó a dibujar un piano en una cartulina para practicar mientras esperaba que sus padres le compraran un instrumento.
Camilo cursó tres años y medio de medicina en la Universidad Autónoma de Santo Domingo antes de abandonar esa carrera para entregarse por completo a la música.
Su maestro Manuel Simó lo convenció de que tenía futuro como músico y, a los 16 años, ingresó como el integrante más joven de la Sinfónica Nacional.
Más tarde se trasladó a Nueva York, estudió en Juilliard y trabajó en Broadway, donde compuso “Why Not”, una pieza que fue grabada por Manhattan Transfer y abrió una puerta decisiva en su carrera internacional.
“Yo llegué a dejar la música un año, que yo siempre digo el año más infeliz de mi vida”, dijo Michael en el podcast de “Paracontarlo”
Y cuando “Why Not” comenzó a poner su nombre en el mapa del jazz, entendió que no había sido un salto al vacío: “Se abrió una puerta ya de en serio, porque ya mi nombre sonó”.






















