Por Alexander Gómez
El Hijo del Santo convirtió la historia familiar en una de las identidades más reconocibles de la lucha libre mexicana al recordar cómo descubrió, siendo niño, que su padre era El Santo, el Enmascarado de Plata.
Contó que a los seis años acompañó a su padre a una función y quedó impactado al verlo aparecer en el ring:
“De pronto aparece el mismo héroe que estaba en la revista y el muñequito, el mismísimo Santo. Y entonces dije, ese es mi papá”.
Años después, pese a la oposición inicial de su padre, debutó como luchador bajo el nombre de Korak y finalmente recibió la autorización para continuar su carrera como El Hijo del Santo.
“¿Por qué no aprovechas todo lo que yo he hecho, mi carrera, y yo te apoyo?”, recordó que le dijo su padre, frase con la que, según su relato, nació oficialmente el personaje.
El Hijo del Santo también recordó el difícil proceso de construir una identidad propia tras la sombra de su padre, especialmente cuando la prensa especializada y los aficionados cuestionaban su capacidad y lo comparaban constantemente con El Santo.
“Me decían que segundas partes nunca fueron buenas, que yo era un remedo del Santo”, relató.
La muerte de su padre, en 1984, marcó otro punto de inflexión en su carrera, pues aseguró que el público comenzó a respaldarlo con mayor fuerza. Para el luchador, la máscara representa mucho más que un elemento del espectáculo:
“Cuando te pones la máscara de este superhéroe te transformas” indicó Santo en el pocast de Aprendemos Juntos de BBVA
También definió la lucha libre como una metáfora de la vida, en la que “lo bonito es levantarse” después de cada caída, y sostuvo que el legado de la máscara plateada permanece porque su padre logró convertirla en parte inseparable de su identidad.






















